"... SEÑOR SI QUIERES PUEDES
LIMPIARME..."
Durante mucho tiempo ibamos realizando la misma operación.
¿Hasta cuándo duraría la interminable colonización de tejido tras tejido? Después de haber penetrado en tantas fibras supeditando sus células a nuestro dominio y a pesar de saber que nuestra frágil estructura necesitaba de ello para subsistir, empezábamos a encontrarnos cansados al no comprender la existenxia de una razón lógica de nuestra actitud.
Nosotros no éramos los primeros ni seríamos los últimos. Nuestros antepasados surgieron de un tubérculo cutáneo para invadir aquella continuidad de células, imprescindibles para nuestro desarrollo y nuestra supervivencia.
Dada la ilimitada cantidad de estas células, necesitaron dividirse en muchos y grandes grupos, que se alejaron los unos de los otros, dejando entre sí millones de células de distancia
Hoy cada grupo trataba de extender sus dominios aumentando el número de tejidos ocupados. muchas veces nos preguntábamos con inquietud: ¿qué sería de nosotros cuando los tejidos invadidos llegaran a su fin y sólo una estrecha línea de células vírgenes limitaran la extensión de los diferentes grupos separados en un principio?
Esta pregunta hacía estremecer de un extremo a otro mi pequeño y cilíndrico cuerpo.
Decidí alejar mis pensamientos y dedicarme a mi misión. Continué la invasión en sentido ascendente y rodeado de otros muchos me dirigí hacia un nervio periférico.
De pronto, una extraña sensación nos rodeó, todos detuvimos nuestra labor atentos al extraño influjo que nos circundaba. Algo así como una presencia superior que derramaba sobre nosotros lucidez y discernimiento.
"... COMPADECIDO DE ÉL, ALARGÓ LA MANO Y TOCÁNDOLE LE DIJO: QUIERO, QUEDA LIMPIO ..."
Al momento una gran vibración nos sacudió paralizándonos a la vez que una resplandeciente luz iluminaba nuestro alrededor.
Multitud de diminutos puntos de vivas tonalidades cruzaban vertiginosamente el espacio. Sentía su impacto cuando alcanzaban mi cuerpo, produciéndome una suave sensación de cosquilleo.
Todos los problemas que antaño me aturdían desaparecieron enn un instante para convertirse en respuestas concluyentes.
Vi con diáfana claridad mi situación y las de todos mis congéneres.
Pequeños e insignificantes seres; pero que, con nuestro intensivo trabajo, estábamos minando la fuerza y la salud de un ser muy superior a nosotros.
Tantas fatigas durante tanto tiempo invertidas en invadir células y más células, todo para convertirnos en una raza poderosa, sin imaginarnos que, a la vez, nos habíamos acercado peligrosamente hacia nuestro Apocalipsis.
¿Cómo era posible que hasta ese momento no hubiésemos comprendido que con la destrucción de este ser sobrevendría la nuestra?
Había sido necesario que otro ser exterior y muy superior al que habitábamos, nos hubiera hecho comprender la realidad. Lentamente, empezamos la descolonización...
En un pueblo del Sistema, un hombre corre alocado por las calles gritando:
¡MILAGRO! ¡MILAGRO!
Preguntándose las gentes qué era lo que sucedía les explicó que un Hombre llamado Cristo nos había curado de la lepra.

Escribe un comentario